martes, 29 de abril de 2008

Oferta y demanda

Publicado Originalmente en Diario Expreso


La oferta y la demanda son el mercado. No es un sitio, un local, una plaza o un mall. Es un proceso, propio de seres humanos. Imposible entre los animales, pues es una abstracción. Es social. No existe un mercado sin oferta ni sin demanda. Las acciones voluntarias de dos o más, que intercambian bienes e intereses, hace un mercado. Mercado o market, mercadotecnia o marketing generalmente confunden por el enfoque político o ideológico que dice que es un tirano. Que la “dictadura” del mercado nos explota. El mercantilismo contribuye a ello.

El “margen” de ventaja o desventaja que pretendemos conseguir respecto a un bien, si nos es “útil” es la “utilidad marginal”. Y, si además es “escaso”, es económico. Por naturaleza, experiencia y formación, cada cual hace “lo suyo”. Es la “división del trabajo”. Cuando terceros o el Gobierno quieren clasificarnos o situarnos y según sus criterios y visiones “fijan” los precios, los resultados son escasez, carestía, especulación, negocios malos, desempleo y pobreza.

La oferta y la demanda dependen de “la” valoración que cada cual le da a lo suyo. Nadie compra, vende o permuta para perder, sino para ganar-ganar (suma positiva). Lo contrario son los juegos de azar, las loterías, la suerte (suma cero, negativa) en la que solo uno o pocos ganan y los demás pierden. Mi dinero que entrego como comprador vale, para mí, menos que lo que adquiero. Y lo que vendo o entrego vale, para mí, menos que el dinero que recibo a cambio. Si como vendedor quiero precios altos, por competencia la pluralidad del mercado me tumba los precios. Y si como comprador quiero precios bajos, por competencia el mercado me sube los precios.

Por ello la oferta y la demanda, (como la ley de la gravedad) que nadie inventó, es una ley natural que funciona según las demandas y ofertas del bien apetecible. Y entre dos bienes, escojo el que más me beneficia. Y el bien que sacrifico por el que disfruto, es mi costo de oportunidad (beneficio sacrificado). Pero lo que le da carácter al “intercambio” es la posibilidad de competir. De ello se deriva la “competitividad” que nos induce a producir más, de mejor calidad y basados en reducir nuestros costos (productividad).

Para satisfacer sus necesidades (ilimitadas en su número y limitadas en su capacidad) todo humano es comprador o vendedor, sea como recolector, agricultor, productor, intermediario. Pero, por sobre todo, es consumidor. Aunque nacimos iguales por naturaleza, ella nos torna diferentes. La igualdad solo trasciende cuando hay “diversidad”, que proviene del temperamento, del carácter y de la personalidad. Es lo que nos identifica.

Entre gemelos y entre padres e hijos somos desiguales como desiguales son nuestras limitaciones y ventajas, necesidades, capacidades y talentos físicos, éticos e intelectuales para lograr nuestros propósitos, deseos e intereses y satisfacer nuestras necesidades. Nos comparamos (ventajas comparativas) y competimos con los demás para conseguir lo que queremos (ventajas competitivas).

Según las leyes de la naturaleza todos los humanos somos iguales. Solón, (638-559, a.C.), fundador de la democracia de Atenas y su mejor legislador basó sus leyes en el concepto de la “igualdad de todos ante la ley”. Pero no en la igualdad conseguida “por medio de la Ley”. Esto neutralizó al poder y a la discrecionalidad de las autoridades.
El uso, disfrute o consumo de un bien es diferente y su intercambio voluntario y libre da origen al Estado de Derecho y a la vida en sociedad. Lo contrario es guerra, imposición, dirigismo o “Ley de la selva”. El intercambio libre esto es, la oferta y la demanda, son la argamasa de la vida social civilizada y el respeto recíproco al derecho ajeno.

martes, 22 de abril de 2008

Estado de derecho vs. Estado legal

Publicado Originalmente en Diario Expreso


Lo “justo no se deriva de la norma”, sino que “la norma nace de lo que
creemos justo”. Este es un dilema de siglos. Confundida con “derecho”,
la “Ley” según el artículo uno del Código Civil, es “la declaración de
la voluntad soberana que, manifestada en la forma prescrita por la
Constitución, manda, prohíbe o permite”.
                   
Definición ambigua. Cuna de arbitrariedades, proclive a la
discrecionalidad, al despotismo y al autoritarismo. Se conoce la
anécdota de Canuto (Knut), (994-1035 d. C), rey de Dinamarca, al mismo
tiempo rey de Inglaterra quien promulgó una Ley para regular el
movimiento de las mareas y después tratar de detenerlas alzando su
mano. Es un símbolo del absurdo. Arrestar al mar por desobedecerlo es
como legislar contra la Ley de la gravedad. Es violar la naturaleza y
desconocer las ciencias sociales. ¿Cómo se debe legislar?, he ahí el
problema. Lo social, conceptual e histórico es que las leyes hechas por
los hombres sean normas abstractas y generales de conducta.
                   
Las que se hacen para entregar comida, vestuario, albergues, teléfonos,
transporte, combustibles, talentos, habilidades, méritos, deméritos,
salud, enfermedades son tan ineficaces como lograr su pleno
cumplimiento. Cornelio Tácito (55-120) historiador, senador, cónsul y
gobernador del imperio romano dijo que “Cuando más corrupto es el
Estado tanto más numerosas son sus leyes”. O el viejo proverbio alemán:
“Cuanto más leyes, menos justicia”. Hecha la ley, hecha la trampa.
                   
Las leyes no deben ser para que la gente haga lo que se le ocurre al
legislador, interesado o de buena fe. Ni que los ciudadanos sepan “lo
que deben hacer”. Sino todo lo contrario. Lo jurídico, lo social y lo
justo es que se legisle sobre lo que los ciudadanos “no deben hacer”.
Es decir las leyes deben tener las características de ética,
generalidad y abstracción. Indicar qué actos están prohibidos. Si no es
así, serán mandatos sobre lo que el legislador cree que la gente “debe”
hacer. No son “normas de conducta justa” sino “órdenes” que deben
cumplirse, obligatoriamente. Obligan a abstenerse de hacer lo que
pacífica y libremente no hubiesen escogido hacer. Este es el “Estado
legal”, contrario al “Estado de derecho”.
                   
Vemos que se legisla al arbitrio de quien detenta el poder. Es lo
contrario al Estado de derecho. Es el “Estado legal”, que establece
privilegios legales a unos, obligaciones a otros, otorga poderes
discrecionales a burócratas, reglamenta, por conveniencias, las
actividades productivas, y no porque perjudiquen a terceros.
Obstaculizan los actos productivos pacíficos en lugar de impedir y
castigar los no pacíficos.
                   
Esta es la causa de la inestabilidad política, de la formación de
grupos de presión para sacar ventajas sobre los demás ciudadanos,
conseguir asignaciones de recursos, monopolios, y el soporte de los
compadrazgos, la corrupción y el subdesarrollo.
                   
Solón, (638-559, a.C), fundador de la democracia de Atenas y su mejor
legislador basó sus leyes en el concepto de la “igualdad de todos ante
la ley”. No de la igualdad conseguida “por medio de la Ley”. Estableció
el equilibrio social y económico al delimitar la acción de las
autoridades. La controlaba de manera que no perjudicara a los
individuos.
                   
La necesidad de que todos participasen igual en el gobierno, dio lugar
a la democracia, que derivó en el Estado de derecho, exclusivamente
para proteger a los ciudadanos en sus derechos individuales y limitar
jurídicamente el poder de los gobernantes y funcionarios del Estado
sobre los ciudadanos. El poder de coerción y coacción solo se aplicaba
en casos excepcionales, pero nunca para imponer al pueblo la voluntad y
arbitrios de legisladores o gobernantes transitorios.

martes, 15 de abril de 2008

Pero, por sobre todo, ser éticos

Publicado Originalmente en Diario Expreso


Grave crisis vive la República. Inseguridad social, angustia familiar, desasosiegos personales, desempleo, ausencia de cobertura médica y fondo de jubilación, lo que, en no pocos casos, derivan en depresión, emigración, suicidios, violaciones, robos y sicariatos, tienen causa, cercana y remota, en la mala formación y pésima educación. El engaño, la mentira, la estafa en la obtención de títulos profesionales tienen grave soporte en la impunidad que se convierte en escándalo social cuando los delincuentes (n.n. de cuello blanco) tienen apoyo y encubrimiento de parte de autoridades, obligadas a sancionarlos. Sólo se habla de “combatir la corrupción”. Nada sobre cómo prevenirla. No se forma férrea conciencia moral y cívica para ser ético y productivo. Todo mundo grita contra la corrupción. Pero cuando alguien enfrenta a los corruptos y se niega a encubrirlos, (como yo, que me negué a firmar títulos profesionales falsos) es motejado de tonto y “no práctico”.

El no poder satisfacer necesidades personales y familiares tiene mucho que ver con la educación, buenas costumbres, usos y hábitos familiares que se ha impartido en los últimos 38 años. A título de revolución educativa se eliminó el examen de ingreso a la Universidad, se deterioró la secundaria y se engañó a la juventud. En la década del 80 colapsó la sociedad cuando se eliminó de la educación media “urbanidad, moral y cívica” pese a que por Ley, como diputado, en 1991 yo elaboré e impulsé su enseñanza obligatoria en escuelas, colegios y universidades. No se cumple.

Con ineficaz pedagogía se imparte conocimientos caducos que no priorizan la producción y desarrollo integral. Las estructuras educativas involucionan. Se debe modernizar y moralizar la enseñanza en escuelas, colegios y universidades. Se crea una mentalidad proclive al empleo dependiente. El título de bachiller refleja a un graduado frustrado buscador de empleo en áreas laborales saturadas con escasas alternativas y mínimas remuneraciones.

Lo aprendido en 6 ó 12 años hace al bachiller incapaz de “producir”. Su mentalidad, limitada a “conseguir empleo” carece de creatividad emprendedora. Las asignaturas tradicionales se readecuan reduciendo la carga horaria. No mejoran contenidos y pénsum académicos, escasos de creatividad, inventiva, emprendimiento, técnicas de comunicación, voluntariado y moral pública para formar emprendedores creativos, ingeniosos y éticos. No se motiva la creación de formas propias de subsistencia y trabajo independientes.

Motivar iniciativas empresariales y factibilidad de proyectos, viabilidad, producción, competitividad, creatividad y autenticidad. Enseñar a gerenciar. Enseñar contabilidad empresarial, pasivos, activos, manejo de proveedores, calidad, costos, insumos, mercadeo, ventas, comercialización, técnicas de ventas y publicidad. Aprender a competir en mercados externos.

Estimular habilidades, talentos y vocaciones dirigidas al emprendimiento y solidaridad social, según su vocación, profesión o actividad, sea abogado, ingeniero, médico, periodista, taxista, panadero, etc. Impartir valores y principios como honestidad, honorabilidad, dignidad, justicia, equidad, respeto, lealtad, honor, responsabilidad, amor a la patria y sus gestas heroicas. Ser virtuosos. Enseñar a hablar. Expresarse con autoestima y seguridad en sí mismos. Ejercer voluntariado para el desarrollo social y partícipes del progreso de su entorno. Aprender de Singapur, Taiwán, Japón, Corea del Sur, Birmania, Vietnam, China, que fomentan la educación “útil” hacia la investigación, la creación de empresas con énfasis en valores morales, inventiva y creatividad. Pero, por sobre todo, ser éticos.

martes, 8 de abril de 2008

Los llantos del silencio

Publicado Originalmente en Diario Expreso


Un médico lector, quien ha trabajado en una organización internacional
humanitaria, con gente muy pobre, me comenta que, por no permitirse el
aborto, hay niños que aspiran cemento de contacto y trabajadoras
sexuales. Que, por engendrar un bebé, niñas y adolescentes tienen una
calidad de vida miserable. Que son rechazadas por su propia familia.
Que, por abortos realizados por quienes no son médicos, cientos mueren
en lugares insalubres. Que la violada sufre por el resto de su vida
viendo en su hijo la cara de su agresor. O prefieren que nazca para
abandonarlo. Que, “mientras no evolucionemos en nuestra mente (permitir
el aborto) seguiremos siendo pobres, enfermos, atrasados, con
hipocresía espiritual o, como dirían muchos, tercermundistas”.
                   
Este médico confunde efecto por causa. Cree que la pobreza, los
embarazos y las drogadicciones son causados por no abortar. Matar
nonatos no cambia el problema social ni la economía. No genera riqueza
ni elimina la pobreza. Para superar lacras humanas hay que trabajar y
producir más y mejor. Hay que educar. Es moral. Son buenas costumbres.
Es, sobre todo, calidad humana. Es solidaridad, con la vida.
                   
“Si una madre puede matar a su hijo, nada podrá impedir que nos matemos
unos a otros”, dijo la Madre Teresa de Calcuta. (1910-1997), al recibir
el Premio Nobel de la Paz (1979). El aborto pone en peligro la paz en
el mundo. No puede haber paz sin respeto de la vida inocente e
indefensa de los niños que no han nacido”.

“Quien busca la paz defienda la vida, desde el momento en que surge
hasta el ocaso natural. La mayor violencia de hoy, es el aborto. Hay
violencia cuando un niño es eliminado por su propia madre”.

Si las madres oyeran los gritos de su hijo, ninguna abortaría. El
neonato, o feto como se lo califica, es un inocente que, asimismo no se
puede defender ni impedir su ejecución. Aislado en el mundo del
silencio, sus llantos no llegan a su madre ni a quienes los destruyen.
No hay estridencia. No puede protestar.

El aborto provocado es ejecución, sin piedad, de quien sólo depende de
su madre, que lo lleva en su seno. ¿Quién protege a ese inocente, si su
madre lo desprecia hasta el paroxismo de su muerte? ¿De qué se acusa al
nonato, para matarlo? ¿Tiene culpa por ser engendrado?

Sólo el humano es capaz de destruir. Hasta la bestia más feroz protege
y cuida, arriesgando su propia vida, la del ser de sus entrañas.

Amor es respeto a la vida del hijo por sus padres y parientes. Por
médicos, educadores y periodistas. Nadie puede afirmar si el nuevo ser
será bueno o malo. Es la naturaleza. Son los genes y sus ancestros ¿Es
que no hay derechos humanos para el feto nonato? A ese crimen le llaman
aborto. Es en este instante cuando más necesita de su madre. Y en el
frenesí de su extravío hacen, de la violencia y del aborto, el
bienestar.

Dicen que, cuando en Francia se debatía sobre el aborto, un legislador
aludió a un padre alcohólico y sifilítico y la embarazada tuberculosa y
sifilítica ¿Propondrían a la madre el aborto?, preguntó. “La
ayudaríamos a abortar”, dijeron. Acaban de matar a Beethoven”.

El feto no es una cosa. Es más que un genoma. El feto vive y con
capacidad, en sí mismo, para desarrollarse. Genera su propia sangre y
placenta. El parto y el nacimiento son actos propios del feto. La madre
ayuda.

Más de 50 millones de abortos se producen al año. ¡Qué barbarie! Los
niños abortados no cantarán con Violeta Parra (¿abortista?): “Gracias a
la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que cuando los abro,
distingo lo negro del blanco. Cuando miro al bueno, tan lejos del malo.
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me ha dado
el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto”.

martes, 1 de abril de 2008

El aborto es un holocausto nazi

Publicado Originalmente en Diario Expreso


El médico alemán, Josef Mengele (1911-1979), del Partido Nacional-Socialista, jefe del Campo de Concentración en Auschwitz, fue “El Monstruo” y “El Ángel de la Muerte”, (por su cara de inocencia). Era especialista en abortos ilegales (asesinatos de bebés no nacidos). Pero Hitler legalizó el aborto, la esclavitud, el apartheid, los asesinatos de recién nacidos, de judíos, gitanos, la esterilización forzada y la eutanasia. Mengele fugó a Argentina y montó una clínica de abortos. Detenido después de matar a una joven en su clínica, un juez lo liberó. Vilis Kruze, oficial del SS nazi, trabajó como abortista en Ohio y Hawái. Decían que “se puede quitar al doctor del campo de matanza, pero no puedes quitarle el campo de matanza al doctor”.


“Feto”, es el niño nonato. El aborto es el tratamiento preferido para el embarazo no deseado. Y en una violación, yo pregunto ¿qué culpa tiene el niño de la perversión del padre? El Juramento Hipocrático dice “no administraré a la mujer supositorios para provocarle aborto; mantendré puros mi vida y mi arte”.


En Estados Unidos, México, y otros países matar bebés nonatos es “legal y seguro”. Médicos y dueños de clínicas dicen “Hago lo que es legal”. Igual decían los médicos en Auschwitz.


En Nurmberg, los médicos dijeron que eran inocentes porque no violaron ley alguna. “Los juristas en Berlín nos dijeron que era legal”. De las enfermeras se dijo que “no actuaron mal, porque fueron protegidas por la ley”. Ergo: “Los nazis no cometieron crimen en Auschwitz”. Los eufemismos usados por Nazis y abortistas son macabros y semejantes. “Infecciones no vistas”, “tumor canceroso”. “La salud” de la mujer.


El nazismo realizó más de 500.000 abortos legales, por año. Los asesinos eran “doctores” y la matanza “promoción de la salud”. Los campos de exterminio eran “centros de reubicación”. Los de nonatos “centros de salud reproductiva”. En Auschwitz los consejeros genéticos eran “protectores de la familia”. La matanza de niños inválidos, “operación quirúrgica”. La de niños hiperactivos “una cura”. Un “Comité para el registro de enfermedades hereditarias y genéticas” decidía cuáles niños serían ejecutados y cuáles no. Eran “Instituciones de Especialidad en Niños”. En Estados Unidos, para el fisco (IRS) las clínicas de aborto son “organizaciones caritativas” para “promover la salud”. La entidad nazi para la eutanasia, era “Fundación de beneficencia para el cuidado institucional”.


La Cámara de Médicos de Berlín pidió el aborto, pues “La salud de la madre es primero”. Para Hitler los judíos eran “raza parásita”. Para los abortistas el niño es “mero parásito”. Con los nazis, el resultado final era “la terminación” de los judíos. El aborto o resultado final es la “terminación” del embarazo. La mentalidad y lenguaje entre nazis y abortistas es idéntico.


Himmler dijo que matar judíos era “exterminar una bacteria”. La abortista Natalie Shainess, que el embarazo no deseado es “una bacteria ajena”. El médico de Auschwitz, Fritz Klein, dijo ser “un doctor bueno, que con bisturí quita un apéndice lleno de pus”. “Los judíos son apéndice lleno de pus en el cuerpo de Europa”. El abortista, doctor Alan Guttmacher, comparó la destrucción del feto con el “quitar un intestino gangrenoso”. “Un bebé abortado es basura”.


La Academia Americana de Pediatría dice que el aborto es deber de médicos para “proveer cuidado y tratamiento” a embarazos no deseados. “El aborto es la cultura de la muerte. Sus víctimas son millones. Envilece la sexualidad humana y desvirtúa el amor más sublime, como es el amor materno, al otorgar a la madre el absurdo derecho de matar al niño que lleva en su seno”. El aborto es un holocausto nazi.