Gabriel Gasave publicó hace un par de años un trabajo del mexicano
Enrique Krauze acerca del populismo. Para demagogos de izquierda y
derecha la palabra “pueblo” es el instrumento para conseguir y
consolidar “su” poder.
Perón, Mussolini, Hitler, Franco, Allende,
Fidel y Raúl Castro, Batista, Trujillo, Pérez Jiménez son solo un
puñado de demagogos, tiranos, enemigos de la libertad que encaramados
en el poder, con fantasías ideológicas, se enriquecieron sometiendo la
vida, libertad y patrimonio de los ciudadanos.
El demagogo es providencial, carismático, agradable en la tribuna,
infernal en el entorno privado. Solo él resuelve los problemas del
pueblo.
Krauze recuerda a Max Weber “La entrega al carisma del caudillo o al
gran demagogo no ocurre porque lo mande la costumbre o la ley sino
porque la gente cree en él. A su persona y a sus cualidades se entrega
el séquito, el partido”.
Según Krauze la palabra es el vehículo para su carisma. Cree ser el
intérprete supremo de la verdad y la agencia de noticias del pueblo.
Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, “alumbra
el camino”, todo sin limitaciones ni intermediarios.
Aristóteles (Política, V) sostiene que la demagogia origina “las
revoluciones en las democracias”. Los demagogos que dirigen al pueblo
son los que saben hablar”. Mussolini, Hitler, Goebbels, Perón
utilizaban la radio, cual vendedores de ferias, para hipnotizar a las
masas. Charlatanes de pueblo, encantadores de serpientes, como Hugo
Chávez, usan en la TV su hemorragia verbal para ilusionar a “su”
pueblo.
Su verdad es la única. Su voz es la voz de Dios. Ellos son el pueblo
que unido jamás será vencido... Detestan la libertad de expresión, de
otros. Toda disidente o crítico es enemigo militante.
Alérgico a la crítica, señala chivos expiatorios para sus fracasos. El
populismo (más nacionalista que patriota) desvía la atención interna
hacia afuera.
Pervierte el derecho. Hace la guerra a los vecinos o al imperio. Para
él todo gasto público (dinero ajeno) es inversión. Es como su
patrimonio privado que reparte a discreción pero cobra en obediencia y
en riqueza propia.
El populista alienta el odio de clases contra los ricos, a los que
acusa de ser “antipatriotas”. Atraen a los “empresarios patrióticos”
(empresaurios) siempre que apoyen al régimen. Y serán los nuevos ricos.
El populista no puede abolir el mercado. Somete a sus agentes. Los
manipula a su favor. Enardece a las masas. Se apodera del Congreso.
Induce la “justicia directa” (“popular, bolivariana”), remedo de
Fuenteovejuna, que es la justicia que el líder decreta.
El poder corrompe. Y el poder absoluto corrompe absolutamente, decía
Lord Acton. (1834-1902) quien agregó: “con poder absoluto hasta a un
burro le resulta fácil gobernar”.
Aunque, como dijo Kennedy (1917-1963) “Aquellos que, cabalgando a lomo
de tigre, locamente buscaron el poder, acabaron dentro de él”.
martes, 10 de marzo de 2009
El demagogo
martes, 27 de enero de 2009
Rebeca
Daphne du Maurier (1907-1989), británica, publicó en 1938 “Rebeca, una
mujer inolvidable” con la que Alfred Hitchcock, también británico,
(1899-1980) director de cine, conocido como el mago del suspenso, llevó
al cine en 1940 una adaptación de la obra, seductora e intrigante que,
gracias al genio de Hitchcock, se convirtió en un éxito y por la cual
ganó un Oscar por mejor película y otro por mejor fotografía aparte de
varias nominaciones de la Academia.
Rebeca, la protagonista, jamás aparece, pues había muerto. Su recuerdo
hace que su presencia parezca tan real que obnubila a todos, al extremo
de someter a la segunda cónyuge de Máximo De Winter, dueño de la
mansión.
Ambición, romance, intriga, intereses y suspenso, todo se hacía en
función de Rebeca. Estaba en todas partes. Retratos, óleos, el piso,
alfombras, los gastos y hasta los pensamientos y acciones eran para
satisfacer a lo que Rebeca representaba, y a quien nadie veía ni
conocía sino el atormentado viudo y la ama de llaves, fiel a la difunta
señora de Winter, a cuyo nombre ejercía el poder en el territorio de la
mansión, con plenitud soberana.
La administración y control (hasta policial) nacía y se realizaba en
Rebeca a través de su ama de llaves. La pareja y sus amigos terminaron
subordinándose a los dictados de Rebeca y su (poderosa mandataria) ama
de llaves.
La influencia que la fallecida Rebeca (una entelequia, un recuerdo, una
abstracción,) ejerce en la mansión es de tal naturaleza que el diario
vivir es sólo para Rebeca. La vida y el presupuesto de todos estaban
sometidos a Rebeca y a quien gobernaba la mansión. Rebeca es todo.
Sus fines eran preservar a Rebeca, someter las personas y sus derechos
a esa entelequia para robustecer el poder y presencia de Rebeca y su
administradora (“ama de llaves”).
En la vida actual ocurre igual con el Estado. Muchos teóricos en
Filosofía, Economía, Derecho y Ciencias Sociales solo privilegian a
esta abstracción, a esta entelequia que es el Estado. Algunos son como
los aprendices de brujos que dan criterios para curar enfermedades. Y
hasta curan.
Otros, políticos, son como los que operan, sacan muelas y promocionan
ser expertos y estrellas en cirugía plástica sin formación, fundamentos
ni experiencia. La mala práctica política es frecuente.
Todos los sistemas económicos y políticos que privilegian al Estado son
estatistas. Obvio. Los que privilegian la libertad son libertarios.
El socialismo nacional (nazi) y el socialismo internacional (comunismo)
al igual que el corporativismo (fascismo) concentran el poder del
Estado en personas y/o pequeños grupos que disfrutan y usan las
riquezas de todos los demás en sus “trabajos”. Son totalitarios que no
producen. Viven de los impuestos que los ciudadanos le pagan al Estado.
¿Qué es el Estado? El Estado es todo. Y hubo quien, embriagado de poder
y ahíto de soberbia y arrogancia dijo “El Estado soy yo”.
martes, 9 de septiembre de 2008
“Eterna vigilancia”
“Usted no puede crear prosperidad desalentando la iniciativa propia. No
puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte. No puede ayudar a los
pequeños, aplastando a los grandes. No puede ayudar al pobre,
destruyendo al rico. No puede elevar al asalariado, presionando a quien
paga el salario. No puede resolver sus problemas mientras gaste más de
lo que gana. No puede promover la fraternidad de la humanidad,
admitiendo e incitando el odio de clases. No puede garantizar seguridad
con dinero prestado. No puede formar el carácter y el valor del hombre
quitándole su independencia (libertad) e iniciativa. No puede ayudar a
los hombres permanentemente, realizando por ellos lo que ellos pueden y
deben hacer por sí mismos”. (Abraham Lincoln 1809/1865).
Lucía Oliveros, destacada intelectual, anota que el autor de estas
profundas y hermosas ideas de derecho, política, economía y buen vivir,
“fue Jefe de Correos que estudió Derecho. A los 25 años fue electo
diputado, que ejerció por 7 años. Connotado por su honradez y
eficiencia siempre estuvo contra la esclavitud. A los 35 años lo
nominaron al Congreso Federal y a los 52 años fue electo presidente de
los Estados Unidos. Su elección dio impulso a la guerra de secesión y a
la guerra civil. En 1863 proclamó la independencia de los esclavos.
Cinco días después de haber sido reelecto presidente de los Estados
Unidos, fue asesinado”.
Profundamente modesto y sincero, afirma Armando de la Torre. Creía en
la libertad y dejó para la historia política la mejor pieza oratoria.
Es un documento de fuerza maravillosa y de una invitación a “no
fabricar la casa democrática sobre las arenas movedizas de la
esclavitud de una parte de la humanidad”. En tan sólo tres minutos,
diez oraciones, menos de 300 palabras y escrito a mano en un par
cuartilla, creó la pieza oratoria política de más grande impacto (19 de
noviembre de 1863).
Es la mejor síntesis sobre la libertad, la democracia y la igualdad
ante la ley. Y, como lo dice Lincoln en su discurso en Gettysburg, en
muy poco tiempo la gente habrá olvidado lo que se dijo en el campo de
batalla, asegura Armando de la Torre.
“Hace 87 años, nuestros padres fundaron, en este continente, una nueva
nación cuya base es la libertad y la proposición de que todas las
personas son creadas iguales.
Ahora estamos envueltos en una gran guerra civil, probando si esta
nación, o cualquier otra nación así fundada, puede ser duradera.
Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos
decidido dedicar una porción de este campo, como lugar de descanso
final para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación
pudiera sobrevivir. Es por tanto apropiado y correcto que lo hagamos.
Pero, por otra parte, no podemos dedicar, no podemos consagrar, no
podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y
muertos, que pelearon aquí, ya lo consagraron, más allá de nuestras
pobres facultades para añadir o quitar. El mundo notará poco, ni mucho
tiempo recordará lo que decimos aquí, pero nunca podrá olvidar lo que
ellos hicieron aquí. Somos nosotros los vivos los que debemos
dedicarnos aquí a la obra inconclusa que aquellos que aquí pelearon
hicieron avanzar tan noblemente.
Somos nosotros los que debemos dedicarnos a la gran tarea que tenemos
ante nosotros: que tomemos de estos honorables muertos una mayor
devoción a la causa por la que dieron su última cuota de devoción, que
tomemos la noble resolución de que estos muertos no han de morir en
vano, que esta nación, protegida por Dios, nacerá de nuevo en libertad,
y que este gobierno, del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no
perecerá jamás” Y, como dijo Thomas Jefferson (1743/1826) “el precio de
la libertad es su eterna vigilancia”.
martes, 2 de septiembre de 2008
Libertad, igualdad y gobierno
Sólo el humano está predispuesto y es capaz para ejercer, disfrutar y
cuidar de la libertad. La libertad de los animales no existe. Ni los
pájaros que vuelan, los peces en el mar, las fieras en la selva o las
tortugas en Galápagos. Son puro instinto, propio de la naturaleza, que
no es ni puede ser “sujeto de derechos”. Es el humano quien tiene “el
deber” de cuidarla. La libertad es una convicción y una actitud
racional. Es propia y única del humano. No significa que cada cual hace
lo que le da la gana. Todo acto tiene, necesariamente, un
“responsable”. No hay libertad sin responsabilidad.
Y esta es la base de la sociedad civil. Por ello, el fin del “derecho”
es preservar la libertad y aumentarla. No es que la ley (o el Estado)
nos “otorga” el beneficio de la libertad. “La libertad es poder actuar
sin someterse a limitaciones y violencias que provienen de otros. ¿Qué
hombre sería libre si el capricho de cada semejante pudiera gobernarlo?
La libertad consiste en disponer y ordenar al antojo de uno su persona,
sus acciones, su patrimonio y cuanto le pertenece, dentro de los
límites de las leyes y no en permanecer sujeto a la voluntad arbitraria
de otro, sino libre para seguir la propia”. (Locke). La libertad no es
libertinaje, como en la degenerada democracia de los tiempos de Platón.
“La libertad es la que se extiende a la vida ordinaria, donde, lejos de
ejercer celosa vigilancia sobre todos y cada uno, no sentimos cólera
porque nuestro vecino haga lo que desee”. (Pericles).
Es aquella sutil y libre discreción para vivir como nos guste sin
afectar a la libertad de los demás. Es lo contrario a la “ley de la
selva”. Si todos los humanos estamos conscientes que somos libres,
aunque tengamos miles de diferencias uno con otro, nuestra naturaleza
dentro de la escala zoológica nos ubica bajo idéntico rasero. Es decir
somos “iguales”, pero distintos. No hay dos “idénticos”. Ni entre
padres e hijos ni entre gemelos.
Según Herodoto la “igualdad” (originalmente isonomía) es anterior a la
democracia. Es “el más bello de todos los nombres del orden político”,
decía.
La igualdad, que es para todos y de responsabilidad de los magistrados,
derivó en “igualdad ante la ley”, “gobierno de la ley” e “imperio de la
ley”. Que no es lo mismo que igualdad “por medio” de la ley. Solón
(Atenas) al otorgar al pueblo “leyes iguales para los altos y los
bajos” confrontó al gobierno arbitrario de los tiranos. La igualdad es
más antigua que el concepto de democracia.
Aristóteles dice que “las personas que disfrutan del supremo poder
“deben ser nombradas sólo como guardianes y sirvientes de la ley”.
Condena al gobierno donde “ impera el pueblo y no la ley”, donde “todo
viene por el voto de la mayoría y no por la ley”. El gobierno que
“centra todo su poder en los votos del pueblo no es democracia”.
Cicerón se opone al poder discrecional e impide que se convierta en arbitrario.
“La libertad es seguir mi propia voluntad en todo. En no estar sujeto a
la inconstante, desconocida y arbitraria voluntad de otro”.
“Quienquiera que asuma el Poder Legislativo o supremo está obligado a
gobernar con leyes permanentes, estables, promulgadas y conocidas por
el pueblo, y no a través de decretos. Las fuerzas coactivas de la
comunidad sólo se utilizarán para asegurar el recto cumplimiento de
tales leyes”. La Asamblea legislativa “No puede asumir el poder de
dictar normas mediante decretos arbitrarios”.
Locke no reconoce poder soberano, ni la discrecionalidad del Poder
Ejecutivo. Durante el siglo II dC el socialismo de Estado avanzó y la
libertad fue destruida mientras surgía otra clase de igualdad. La
creada por la libertad se debilitó ante una política social en la que
el Estado aumentaba su intervención en la vida mercantil. Fue el
intento de crear monopolios industriales “contra el derecho común y la
libertad del ciudadano”.
martes, 26 de agosto de 2008
El prevaricato
Cuando una autoridad, un juez o un funcionario público, con pleno conocimiento faltan, voluntariamente, a la obligación del cargo que desempeña, prevarica. Prevaricar viene del latino “praevaricare”, y prevaricación de “praevaricatio”. Se comete el delito de prevaricación, cuando se dicta a sabiendas una resolución injusta por parte suya. O cuando incita a que un cuerpo o ente bajo su dirección lo haga. Prevaricar es, en Derecho, cometer cualquier falta menos grave en el ejercicio de un deber o función. Prevaricador es el “que prevarica, que pervierte e incita a alguien a faltar a las obligaciones de su oficio o religión”.
Prevaricar es también aceptar el cohecho. Es delinquir, por ignorancia inexcusable, a las obligaciones y deberes de su cargo. Es cometer perjurio. Es, por extensión, cometer una infracción. Es desvariar. Es decir desatinos. Es decir locuras.
Etimológicamente la prevaricación deriva del verbo latino prevaricare que quiere decir desviarse del camino recto. O caminar torcido. Prevarica cuando se viola o irrespeta la Constitución, la ley, el “debido proceso”, la “cosa juzgada” o se juzga por segunda vez una misma causa. (Non bis idem). Igual cuando se irrespetan los derechos ciudadanos. Es antijurídico. Se prevarica por omisión y por acción. Es un delito doloso. Es abuso de la función pública.
Es un delito especial punible. Cuando el servidor público profiere una resolución, dictamen o concepto manifiestamente contrario a la ley, es prevaricato por acción. Y cuando el servidor público que omita, retarde, rehúse o deniegue un acto propio de sus funciones es prevaricato por omisión.
Es un delito cuando un funcionario dicta o promueve, con pleno conocimiento, una resolución injusta, contraria a los hechos y al Derecho. Es instruir delitos de falsedad documental. Es emitir un mensaje pese a que sabe que su significado es engañoso.
Significa “mentir”. Es delito cuando un funcionario público, incumple sus obligaciones específicas o en el dictado de una resolución manifiestamente injusta lo hace para favorecer a alguien o para perjudicar un inocente.
La prevaricación es un delito imputable exclusivamente a los funcionarios públicos, sin diferencias de jerarquía ni de otra índole. Lo pueden cometer el Presidente de la República, diputados, ministros, directores y funcionarios ministeriales, el fiscal general y los fiscales del ministerio público, los gobernadores, prefectos, consejeros, alcaldes, concejales, jueces, el contralor, el defensor del pueblo, y, sin limitaciones, todos y cada uno de los funcionarios, cual fuese su jerarquía y dependencia.
Se relaciona y confunde con el delito de perjurio, puesto que el prevaricador incumple el juramento que prestan al entrar en ejercicio de sus funciones. El prevaricador delinque doblemente: al incumplir sus obligaciones y al violar su propio juramento.
El delito se configura, “cuando el juez sabe que resuelve en contra de la ley”. (Fontan Balestra tomo 7 tratado de derecho penal). El prevaricador abusa de su autoridad cuando públicamente anticipa criterio en sentido específico, sin que se concluyan instancias de estudio, sea para inducir a engaño o para crear entorno negativo para una de las partes.
Los jueces de Derecho o árbitros juris que, por interés personal, por afecto o desafecto a alguna persona o corporación, o en perjuicio de la causa pública, o de un particular, fallaren contra ley expresa, o procedieren penalmente contra alguno, conociendo que no lo merece. Los jueces o árbitros que en la substanciación de las causas procedieren maliciosamente contra leyes expresas, haciendo lo que prohíben o dejando de hacer lo que ellas mandan prevarican.
martes, 29 de julio de 2008
El gran hermano
En los años recientes “El Gran hermano” se popularizó en la TV que
vigila lo que hacen sus concursantes, pero nadie lo conoce. John de
Mol, copió la novela “1984” y creó los reality show. Ganó millones.
Pero la mayoría desconoce su origen político. George Orwell (seudónimo
de Eric Arthur Blair, 1903-1950, Hindú), hastiado de la pomposidad y
dureza con que los ingleses gobernaban las colonias, renunció a ser
oficial de la Policía en Birmania e India para unirse a los comunistas
en la Guerra Civil en España.
Decepcionado por la represión de los soviéticos contra los trabajadores
rechazó al socialismo. Su odio fue más grande que su rechazo al
colonialismo. En sus obras “Rebelión en la granja” y “1984” advirtió
sobre el peligro y el terror del totalitarismo socialista. Sostuvo que
había que combatir al socialismo para que sobreviva la esperanza por la
libertad de pensamiento y la democracia.
Iniciada la “Guerra Fría”, publica en 1949 su novela “1984”, para
advertir al mundo sobre la falsedad de la ideología socialista.
Describió una visión espeluznante de lo que sería la vida sin libertad,
donde el hombre se encuentra bajo la supervisión permanente del “Gran
hermano” que es el Estado.
Advierte los riesgos del hombre común que, preocupado por la vida
diaria, “no se percata que las fuerzas oscuras del mal, usando recursos
de la ciencia y de la tecnología, se apoderan lentamente del mundo”.
Alerta lo fácil que es moldear la conducta humana, condicionando al
hombre, cual si fuese un perro, siguiendo el método (Pavlov 1849-1936)
de los “reflejos condicionados”. El partido socialista, que todo lo
controla, utiliza los medios de comunicación como arma de propaganda
para infundir confianza, temor y respeto. Líderes totalitarios (como
Stalin y Hitler), gestores de políticas de miedo y de exagerada
reverencia hacia sus personas, (con el culto a su personalidad), son
pintados en la novela “1984”.
La presencia del Gran hermano en la TV y otros medios, vía propaganda
del Partido, en enormes murales, someten a la sociedad para imponer
gobiernos autoritarios que vigilan a sus ciudadanos y controlan la
información. Con el “doble discurso” se expresa un significado
contrario a lo que se quiere decir.
Su obra “1984” alertó al mundo de los peligros del Estado socialista
igual que el famoso discurso de Churchill que aludió a la “Cortina de
hierro” que dividió a Europa.
El Estado omnipresente obliga a cumplir leyes y normas del partido
totalitario. El adoctrinamiento, la propaganda, el miedo y el castigo
despiadado por el vigilante Gran hermano totalitario, represor y final
desolador. Sólo hay 4 ministerios.
El Ministerio de la Verdad cambia la historia y el presente, de acuerdo
a las circunstancias y sus intereses. Winston Smith, quien es el
principal personaje, trabaja en él. Inventa héroes, reescribe la
historia, para que las predicciones del Gran hermano coincidan con la
realidad falseándola, a posteriori, en los medios de comunicación. El
Ministerio de la Abundancia, maneja la economía para que la gente
subsista. El Ministerio del Amor, castiga y tortura a su antojo, pues
no hay leyes escritas. El de la Paz maneja la guerra para que sea
permanente.
En 1984 sólo hay tres superpotencias: Eurasia, Asia Oriental y Oceanía,
o sea, el neobolchevismo, la “adoración de la muerte” y el Ingsoc,
acrónimo anglo para el “socialismo inglés”.
El Gran hermano, el Big Brother, es el comandante en jefe, el guardián
de la sociedad, el dios pagano y el juez supremo. Es la encarnación de
los ideales del Partido, único y todopoderoso que vigila sin descanso.
En la familia es común la denuncia de hijos pequeños a sus padres por
traicionar al Partido.
Al fin, Winston observa que su trabajo es una gran farsa que usa su
gobierno con el lavado de cerebro, el lenguaje, la psicología y la
inventiva encaminados al control físico y mental de los individuos y la
educación totalitaria de la juventud. Un sistema donde la intimidad y
el libre pensamiento no existen ni se conocen. El deseo sexual no está
permitido y el sexo es sólo la vía para tener hijos, como deber para
con el Partido.
martes, 1 de julio de 2008
Entre la ley y el derecho
Para que se respete la Ley ella debe ser respetable. Ninguna sociedad
puede existir, en ambiente de paz, si no hay respeto a las leyes. Pero
cuando la moral y la Ley están en contradicción, hasta el más sencillo
de los ciudadanos escogerá entre perder la noción de lo moral o perder
el respeto a la ley. Estamos entonces ante alternativas nefastas.
Para que la ley sea acatada deberá ser justa o inducir a encontrar la
justicia. Por esto “lo justo” no se deriva de “la norma” sino que la
norma (la Ley) debe nacer de lo que creemos justo. Hay dos clases de
leyes. Las que el hombre (o científico) “descubre” (que son propias de
la naturaleza) y las que el “legislador” inventa para “regular la vida
social”. Las primeras no deben ser violadas, so pena de sufrir graves
consecuencias. La ley de gravedad, por ejemplo. Las segundas se imponen
por la fuerza. Y así lo dice el artículo 1 del Código Civil. “La ley es
la declaración de la voluntad soberana que, manifestada en la forma
prescrita por la Constitución, manda, prohíbe o permite”.
A las primeras se las califica como las leyes naturales (derecho
natural) y a las segundas derivan del arbitrio del poder. Es decir son
arbitrarias. Este enfoque determina las dos grandes corrientes del
pensamiento jurídico, El “derecho natural” versus el “derecho formal”.
El “legislador” debe tener claro que no todo lo que a él se le ocurra o
le sugieran debe ser convertido en “ley”. Un viejo proverbio alemán
dice que “cuantas más leyes, menos justicia”. Y Cornelio Tácito (a/C.
55 -120), historiador, senador, cónsul y gobernador del imperio romano
afirmó que “Cuanto más numerosas son sus leyes, más corrupto es el
Estado”.
El gran dilema político consiste en: a) legislar para establecer normas
generales, abstractas de conducta social e individual; o b) “leyes”
(mandatos) para conseguir resultados específicos de bienestar material
y/o satisfacer intereses particulares o de grupos, sean de mayoría o de
minoría. El concepto de “soberanía” da soporte al arbitrio legislativo.
La “voluntad soberana” (particular) del legislador se ha convertido en
el artificio para que la “norma suprema”, esto es, la Constitución, no
cumpla su objetivo fundamental que es proteger los derechos del hombre
versus los poderes gubernamentales.
La monarquía absoluta y la omnipotencia del poder dieron, por
oposición, paso a la democracia y a la República. De allí que el
“constitucionalismo” es la vigencia del Estado de derecho.
Pero el “arbitrio legislativo” y la voluntad soberana dieron al
autoritarismo dictatorial del nacionalsocialismo (Hitler) un concepto
de “Estado de derecho” diferente que “justificó” las barbaries juzgadas
en Núremberg y la violación de los derechos a la vida, la libertad y la
propiedad.
Es el imperio del autoritarismo legalizado. Es el “Estado Legal”
contrario al “Estado de derecho”, que no es todo lo que se le ocurra al
legislador, sino el respeto a los derechos fundamentales, contra el
poder de los funcionarios y gobernantes (mandatarios) del Estado.
Las normas de la Constitución no son reglas de conducta. Son reglas
para organizar al Gobierno y, fundamentalmente, proteger los derechos
humanos contra los abusos del poder.
Error garrafal es creer que todo lo que emana del legislador debe
acatarse como “Ley”, incluso los arbitrios y abusos legislativos. Es lo
que los gestores del constitucionalismo denominaron “gobierno
arbitrario”. Una “Constitución” implica y explica la “libertad” del
individuo y no una licencia para que la mayoría actúe arbitrariamente
como le plazca. Por esa línea, nada raro que al legislador se le ocurra
que el Estado reparta, por ley o mandato, los atributos de los
campeones mundiales o las virtudes de Beethoven.
martes, 6 de mayo de 2008
La Constitución
Publicado Originalmente en Diario Expreso
Hasta el siglo XVIII, los estados europeos existieron sin
Constituciones “escritas”. Es más, social y políticamente, no han sido
necesarias para que existan los Estados. La independencia de Estados
Unidos de Norteamérica (1776) derivó, en 1787, en la primera República
Constitucional, formalmente establecida en la historia. La Constitución
norteamericana es la primera del derecho constitucional “escrito”. La
separación de poderes hizo que solo los documentos que regulasen
explícitamente estos temas fueran considerados, a partir del siglo XIX,
documentos constitucionales propiamente dichos.
Inglaterra, agobiada por sus deudas, pretendió aumentar los impuestos.
Las colonias de Norteamérica le declararon la guerra (1765) y se
negaron a aceptar impuesto alguno sin ser parte activa de su expedición
en el seno del parlamento. (“No taxation without representation”). Fue
el principio del pleno derecho a la libertad y de sus derechos
inalienables a la vida y a la propiedad. Al elaborar la primera
Constitución escrita, Thomas Paine (1737-1809) y Thomas Jefferson
(1743-1826), sostuvieron la igualdad social y económica, el sistema
federal y la oposición popular a la monarquía dinástica.
Se dispuso un “plan de gobierno”, con una parte orgánica y la
“declaración de derechos” (bill of rights) o parte dogmática. Las
primeras 10 enmiendas, constituyen históricamente, a nivel mundial, los
derechos humanos básicos.
Sedujo a Europa y América. Sirvió para organizar las nuevas repúblicas.
Cuatro años después (1791), Francia promulgó su primera Constitución
escrita que precedió a la de Cádiz, en España (1812), las que sirvieron
de soporte a los países de Hispanoamérica que al independizarse, cada
nuevo Estado dictaba la suya. Fue como su partida de nacimiento.
La “Constitución” es un sistema de normas y principios que regulan las
relaciones entre los que detentan el poder (mandatarios) y sus
destinatarios (mandantes), así como las relaciones entre los diferentes
detentadores parciales de ese poder. Es la principal estructura de
normas de esta abstracción o entelequia que denominamos “Estado”.
Por las deformaciones del régimen constitucional, se produce la
concentración del Poder y no su limitación, que es su objetivo
histórico. Por ello según Karl Loeweinstein, es un “cómodo disfraz para
instalar regímenes autoritarios”.
Para que una constitución sea “normativa” se requiere que el Poder se
someta a sus normas. La “nominal” es válida jurídicamente, pero sus
normas no coinciden con la realidad social, política y económica. Y la
“semántica” es la que se utiliza para afianzar en el Poder a sus
detentadores. No limita el Poder. Lo concentra en una persona, partido
o grupo que toma el Poder. Le da legalidad pero no legitimidad y hace
duradera su presencia en el poder en perjuicio de la libertad
individual, como el nazismo, el fascismo y las dictaduras de
Latinoamérica.
Luis Legaz y Lacambra, (1906-1980) afirma que las condiciones para que
exista un Estado de derecho, en una Democracia Constitucional, son la
división o separación de los poderes, el control jurisdiccional de la
Administración y de la Legislación, descentralización administrativa o
federalismo, control mediante el sufragio y afirmación de los derechos
humanos y sus garantías.
Inmersos en la elaboración de otra Constitución, vale recordar
pensamientos como los de Johann Ch. F. Hölderlin (1770-1843): “Lo que
ha hecho siempre del Estado un infierno sobre la tierra es precisamente
que el hombre ha intentado hacer de él un paraíso”. Y como dijo Simón
Bolívar: “No aspiremos a lo imposible, no sea que por elevarnos sobre
la libertad, descendamos a la región de la tiranía”.
martes, 15 de abril de 2008
Pero, por sobre todo, ser éticos
Publicado Originalmente en Diario Expreso
Grave crisis vive la República. Inseguridad social, angustia familiar, desasosiegos personales, desempleo, ausencia de cobertura médica y fondo de jubilación, lo que, en no pocos casos, derivan en depresión, emigración, suicidios, violaciones, robos y sicariatos, tienen causa, cercana y remota, en la mala formación y pésima educación. El engaño, la mentira, la estafa en la obtención de títulos profesionales tienen grave soporte en la impunidad que se convierte en escándalo social cuando los delincuentes (n.n. de cuello blanco) tienen apoyo y encubrimiento de parte de autoridades, obligadas a sancionarlos. Sólo se habla de “combatir la corrupción”. Nada sobre cómo prevenirla. No se forma férrea conciencia moral y cívica para ser ético y productivo. Todo mundo grita contra la corrupción. Pero cuando alguien enfrenta a los corruptos y se niega a encubrirlos, (como yo, que me negué a firmar títulos profesionales falsos) es motejado de tonto y “no práctico”.
El no poder satisfacer necesidades personales y familiares tiene mucho que ver con la educación, buenas costumbres, usos y hábitos familiares que se ha impartido en los últimos 38 años. A título de revolución educativa se eliminó el examen de ingreso a la Universidad, se deterioró la secundaria y se engañó a la juventud. En la década del 80 colapsó la sociedad cuando se eliminó de la educación media “urbanidad, moral y cívica” pese a que por Ley, como diputado, en 1991 yo elaboré e impulsé su enseñanza obligatoria en escuelas, colegios y universidades. No se cumple.
Con ineficaz pedagogía se imparte conocimientos caducos que no priorizan la producción y desarrollo integral. Las estructuras educativas involucionan. Se debe modernizar y moralizar la enseñanza en escuelas, colegios y universidades. Se crea una mentalidad proclive al empleo dependiente. El título de bachiller refleja a un graduado frustrado buscador de empleo en áreas laborales saturadas con escasas alternativas y mínimas remuneraciones.
Lo aprendido en 6 ó 12 años hace al bachiller incapaz de “producir”. Su mentalidad, limitada a “conseguir empleo” carece de creatividad emprendedora. Las asignaturas tradicionales se readecuan reduciendo la carga horaria. No mejoran contenidos y pénsum académicos, escasos de creatividad, inventiva, emprendimiento, técnicas de comunicación, voluntariado y moral pública para formar emprendedores creativos, ingeniosos y éticos. No se motiva la creación de formas propias de subsistencia y trabajo independientes.
Motivar iniciativas empresariales y factibilidad de proyectos, viabilidad, producción, competitividad, creatividad y autenticidad. Enseñar a gerenciar. Enseñar contabilidad empresarial, pasivos, activos, manejo de proveedores, calidad, costos, insumos, mercadeo, ventas, comercialización, técnicas de ventas y publicidad. Aprender a competir en mercados externos.
Estimular habilidades, talentos y vocaciones dirigidas al emprendimiento y solidaridad social, según su vocación, profesión o actividad, sea abogado, ingeniero, médico, periodista, taxista, panadero, etc. Impartir valores y principios como honestidad, honorabilidad, dignidad, justicia, equidad, respeto, lealtad, honor, responsabilidad, amor a la patria y sus gestas heroicas. Ser virtuosos. Enseñar a hablar. Expresarse con autoestima y seguridad en sí mismos. Ejercer voluntariado para el desarrollo social y partícipes del progreso de su entorno. Aprender de Singapur, Taiwán, Japón, Corea del Sur, Birmania, Vietnam, China, que fomentan la educación “útil” hacia la investigación, la creación de empresas con énfasis en valores morales, inventiva y creatividad. Pero, por sobre todo, ser éticos.