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domingo, 31 de mayo de 2009

El poder corrompe........


Rómulo López Sabando

La corrupción que corroe e identifica al Ecuador de ninguna manera involucra a todos sus habitantes. Son muchos más los honestos que los picaros y ladrones. Sin embargo, el esquema jurídico, legal, político, constitucional y económico, que prevalece en Ecuador y América latina es la gran causa de la corrupción, pues crea el entorno y estimula las bajas pasiones para poner a flor de piel la ausencia de escrúpulos y, sobre todo, la falta de ética en la función pública. La corrupción esta en relación inversa con la libertad. Su carencia se da por el exceso de poder en todo lo que es el Estado. La concentración del Poder político en pocas manos enerva los principios éticos, pues como expresara Lord Acton, “el poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente”. O como se dice en el argot popular “En arca abierta el justo peca.”. De allí que los sistemas jurídicos, políticos y constitucionales que priorizan la libertad, y que estimulan el autoestima como país, inducen a las personas a trabajar, producir, invertir, ahorrar para satisfacer las necesidades y, sobre todo, a consumir para vivir a plenitud. Estos esquemas de libertad también desarrollan la inmigración que aporta cerebros, ciencia, nuevas tecnologías, know how y dinamizan las inversiones de riesgo. El respeto a los derechos individuales, como la vida, la libertad, la propiedad, es básico para la convivencia civilizada. Benito Juárez, con razón dijo “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Pero cuando los gobiernos (es decir políticos, intelectuales y burócratas) pretenden controlar la vida económica de los ciudadanos para extraerles compulsivamente los resultados de su trabajo, (su propiedad) con el eufemismo de atender los “problemas sociales” mediante el “gasto publico”, generalmente dispendioso, la corrupción insurge avasalladora. “Crea dificultades, para vender facilidades”, dice el adagio popular. La corrupción deteriora la conducta y la conciencia. Tramites, requisitos, controles y permisos son vectores dinámicos de la corrupción en cualquier parte del mundo, pero en Ecuador rebasan todo sentido de servicio y moral. La informalidad es producto del afán de controlarlo todo. Los que ejercen el poder político, y manejan la administración publica, con osadía, presumen que ellos son honestos y los ciudadanos deshonestos. El papeleo y la tramitología, son entonces, la antesala de la corrupción. Pero el origen de la mayor corrupción está en el sistema legal y constitucional ecuatoriano. En cambio, la Constitución norteamericana, (con sólo 16 enmiendas posteriores) dura ya más de 200 años. En Ecuador hemos tenido 22 Constituciones. Una peor que otra. En 1787 EE.UU., recién independizado, cuando se dicta su envidiada Constitución, era un país atrasado, igual que los subdesarrollados actuales. Y en relación a Europa eran poca cosa. Solo en filosofía política (Madison, Hamilton, Adams, Jefferson, Franklin, Washington y otros 40 pensadores de idéntica talla,) eran superiores. Lo trascendente es “la división de los poderes”, la estructura federal de gobierno y la declaración de derechos individuales (dictada en 10 enmiendas inmediatas (Bill of Rights). De esto se deriva el principio del “control constitucional” que CORRESPONDE A LOS JUECES. No a la inversa. Ni el Parlamento, peor el ejecutivo se exceden. Se limita su poder estatal. Lo organiza dividiéndolo bajo el esquema de pesos y contrapesos. Al articular el “poder” estatal en ejecutivo, legislativo y judicial, robustece al Gobierno central pero protege la libertad individual. Da las bases para una unión nacional efectiva y una menor corrupción. La norma social de conducta es entonces la responsabilidad. La libertad no es sólo política o electoral, sino fundamentalmente económica, que en Ecuador no existe. Y respecto a la libertad de expresión nada mejor que el pensamiento de Luis A. De Bonald que nos trae todos los días el Universo de Guayaquil: “Un Estado puede ser agitado y conmovido por lo que la prensa diga, pero ese mismo Estado puede morir por lo que la prensa calle. Para el primer mal hay un remedio en las leyes; para el segundo, ninguno. Escoged, pues entre la libertad y la muerte”.