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domingo, 31 de mayo de 2009

Los orígenes de la corrupción


Rómulo López Sabando

En Ecuador y América Latina, que fueron estructurados administrativa y económicamente por España y Portugal e inspirados políticamente por Francia, la corrupción agiganta la pobreza. La explotación de las riquezas naturales fue y es aprovechada por grupos familiares y, sobre todo, por aquellos que, al igual que en la Colonia, compraban los cargos públicos. Lo que ahora llamamos corrupción, fue en las Monarquías europeas, la vigencia de un sistema de administración pública que depende verticalmente del Poder del Estado. Las guerras por la independencia “nos liberaron de España y Portugal” pero nos mantienen esclavizados a un sistema idéntico de administración colonial, centralista generador de corrupción que perjudica al país y hasta la misma Capital. Los libertarios del Norte fueron diferentes. No solo rompieron con el Estado colonial ingles sino que instauraron las bases de la libertad y los derechos del hombre por sobre el Poder del Estado. Esta es una diferencia de por qué Latinoamérica es más corrupta. Desde que Colón y sus conquistadores pusieron pie en tierra, el Estado monárquico fue, en las colonias del sur, dueño absoluto de los derechos de soberanía, de propiedad, de libertad, de vida y hasta del honor de las personas. Solo los Reyes y sus servidores podían disfrutar de los derechos básicos y tenían el privilegio de conceder y repartir toda clase de canonjías. La monarquía vigente en España e ideológicamente contraria a la producción, hizo del nuevo mundo y sus habitantes (después de la feroz conquista con la que sometió a los aborígenes) simples proveedores de riqueza sin retorno. Las colonias eran buenas para abastecer de riquezas, metales preciosos (oro, plata etc). Toda posición, religiosa, educativa, económica, social o política estaba supeditada a la voluntad del soberano y de sus cortesanos. No existían los derechos, como valor intrínseco y propio de la persona. Ellos eran otorgados por la Corona. Los derechos de propiedad, posesión, uso y goce de bienes de toda índole no eran resultado del trabajo sino de privilegios otorgados por el Rey. Las oportunidades de tener un ingreso derivado del trabajo así como toda actividad lucrativa se lograba comprando al Gobierno protección y monopolios. La única herramienta para vivir, hacer fortuna y hasta para sobrevivir era lo que, ahora, en economía se denomina “rent seekers”, -buscadores de rentas, tramitaciones, cabildeo, etc. El trabajo resultaba del sometimiento al “stablishment” es decir al Rey y a sus cortesanos. Las monarquías europeas practicaban el mercantilismo del siglo XV cuyos vectores intelectuales (Montaigne, Colbert y otros) sostenían que la riqueza estaba basada en la posesión de metales preciosos, oro, plata y no en el intercambio, en la producción o en la creatividad intelectual. Las “colonias” fueron organizadas para nutrir a los imperios europeos de materia prima, metales preciosos, esclavos, productos tropicales y materiales exóticos; y, como mercado, para que absorban los productos europeos. Las monarquías europeas impusieron en “sus” colonias el “mercantilismo” cuyo paradigma es que la economía es un juego de suma cero. Solo gana el vendedor. Según esta teoría, el comprador, que es explotado, se perjudica, pues la riqueza es estática. No entendían a las empresas productivas. Aquello de la “balanza comercial”, que aun se mantiene en Ecuador, es un mito obsoleto derivado del dogma Montaigne que dice que es bueno exportar pero malo importar. Es decir, es bueno guardar pero es malo consumir. Solo consume el que tiene privilegios. Los pobres están obligados a consumir con recargos tributarios y sin derecho a elegir. Así como los derechos a la vida y a la libertad eran condicionados a la voluntad del Estado español, los derechos de propiedad no se derivaban de la voluntad de las partes en transacciones normales ni se aceptaban si eran provenientes del éxito económico sino en función de los permisos previos estipulados en “estatutos”. La competencia no fue permitida pues solo el Estado asignaba la producción a su arbitrio, pues era el dueño de los monopolios de luz, transporte, comunicaciones, alcohol, sal, tabaco, (estancos) azúcar de caña, trigo, incluso del mercurio para trabajar en las minas de plata, que los vendían o concesionaban a amigos y parientes. Y este sistema, que sigue vigente, es la fuente primaria de la corrupción.