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martes, 15 de julio de 2008

Cabeza de mangle

Diario Expreso


Recuerdo que, cuando era niño, las casas en Guayaquil se construían
clavando enormes pilotes de mangle. La ciudad toda se había levantado
sobre el manglar, tapando los brazos de mar, que con la denominación de
“Estero Salado”, junto con el río Guayas, la abrazaba. La ahora
conocida como calle Gómez Rendón fue quizás la primera vía de
penetración al suburbio que inició la depredación ambiental por la
destrucción de cerros por canteras. Me contaba mi padre que las
volquetas de cascajo la rellenaban durante el día. Y en la noche los
pobladores (invasores) lo introducían al interior de sus frágiles
viviendas levantadas sobre la manigua y el pantano.
                   
Posteriormente los pilotes de mangle fueron remplazados por enormes
pilotes de hormigón, que servían de base y subbase para construir
hermosos edificios que ahora luce nuestra ciudad.
                   
Siempre generó mi atención este tipo de árbol. Y Guayaquil está rodeado
de manglares, aunque miles de hectáreas de ellos han desaparecido por
la tala para levantar criaderos de camarón, explotaciones agrícolas y
construcción de viviendas, resultado de las invasiones procedentes de
personas de todo el país, que lo contaminan hasta con basura.
                   
El mangle crece en las zonas que reciben las mareas, entre el mar y la
tierra firme, donde se mezclan el agua dulce de los ríos con la salada
marina. (Agua salobre). El manglar es un eficiente protector de las
riberas contra la erosión.
                   
La sal entra a su sistema y deriva en múltiples usos, incluso
medicinales. Los manglares se desarrollan en suelos y terrenos
inundados. Sus raíces aéreas absorben el oxígeno directamente de la
atmósfera. Algunas regresan al suelo pantanoso, con formas de arcos
nudosos o zancos que le dan estabilidad en los suelos blandos. Sus
semillas, derivadas del fruto redondo que estalla, las dispersa y son
arrastradas por las mareas para germinar en sitios distantes.
                   
Los manglares son área propicia para la vida de centenas de aves que lo
aprovechan para anidar y alimentarse. Muchos son los peces que viven en
los manglares y hasta serpientes venenosas que dependen del ecosistema
para su sustento. Cuando se viaja por el río es frecuente ver los
cocodrilos que retozan en su interior.
                   
Múltiples variedades de orquídeas, helechos y variedades de la flora se
desarrollan en ese hábitat. Los manglares proveen leña, carbón,
taninos, piensos y hasta medicinas. Pero lo más extraordinario son las
ostras, conchas y cangrejos. Su madera es dura, robusta e incorruptible
muy buena contra la destrucción derivada de las polillas. Ideal también
para construir muebles que demandan alta resistencia.
                   
Cuando a un muchacho, por no decirle bruto, porque “no le entraban” las
materias abstractas, “difíciles”, le decíamos que tenía cabeza de
mangle o cabeza dura.
                   
Los manglares preservan el medio ambiente, aunque su maloliente entorno
invadido de mosquitos hace de ellos sitios sólo accesibles para los
“expertos” mangleros. Uno de ellos me contaba que una especie de goma
lograda del manglar es buena para curar llagas y aliviar picaduras.
                   
En otras partes del mundo (India y Bangladesh) hay manglares que
producen miel que permite la subsistencia de los nativos, aunque su
recolección demanda mucha habilidad por cuanto existe una abeja gigante
de mortal picadura.
                   
Proteger el manglar es, en la Costa, el más importante acto de defensa
de la naturaleza. Paseando por las obras de la regeneración urbana
realizada por Nebot, es importante destacar la protección y cultivo de
los manglares cuya evidente recuperación incide en la producción de
ostras y cangrejos. No se trata de un enfoque lírico ni político sino
rescatar al manglar, base importante en la cadena alimenticia.

martes, 12 de junio de 2007

Mecenas verdes




Por Rómulo López Sabando

Publicado originalmente por Diario Expreso.
El Oriente es un mito, dijo Galo Plaza. Burócratas y políticos tan mal lo tratan que su riqueza es el paraíso de pocos y el infierno del Ecuador. Del frenesí y voracidad petroleros viven los gobiernos que depredan al pueblo. Además, a nombre del Estado, nos endeudan sin beneficio alguno para la Amazonía. Deudas que nadie paga con sus bienes propios ni responden por los ingresos y gastos petroleros. Los pueblos amazónicos sufren deforestación y contaminación. Arrasan su vida, animales y vegetación.

La Amazonía es mito, fábula, delirio, fantasía y falso paraíso del petróleo que no ha disminuido la pobreza sino que aumenta la corrupción. Es falso que el petróleo disminuya la pobreza. Había una vez cuatro individuos llamados "Todo el mundo", "Alguien", "Nadie" y "Cualquiera" Siempre que había un trabajo importante por hacer, "Todo el mundo" estaba seguro de que "Alguien", lo haría. "Cualquiera" podría haberlo hecho, pero "Nadie" lo hizo. Cuando, "Nadie" lo hizo, "Alguien", se puso nervioso porque "Todo el mundo" tenía el deber de hacerlo. Al final, "Todo el mundo" culpó a "Alguien" cuando "Nadie" hizo lo que "Cualquiera" podría haber hecho.

Así, la culpa de todos es la culpa de nadie. Y esta es la tragedia de nuestro país. El mundo pierde bosques y selvas. Para evitarlo algunas ONG y otros como Johann Eliasch, magnate sueco de 45 años, "harto de oír a los políticos hablar y hacer nada" adquirió en Brasil una parcela de selva amazónica casi el doble de Hong Kong y la vigésima parte de Guayas. (1.900 Km2) con la intención de protegerla. Decepcionado por las políticas públicas sobre medio ambiente decidió intervenir privadamente en defensa del planeta comprando tierra.

Otros magnates compran parcelas en Brasil. Su ejemplo despierta debate, con aplausos y duras críticas. Son formas diferentes de lograr un mismo objetivo. Eliasch es dueño de la marca deportiva Head y familia de potentes empresarios. No cuenta cuánto pagó por las tierras adquiridas en el noroeste de Brasil, cerca de la ciudad de Manicoré. Pero, el precio no importa. Lo que cuenta es el motivo: La defensa de la Amazonía no es sólo un asunto de biodiversidad. "La deforestación es una de las mayores fuentes de emisiones de CO2". "Comprar y proteger selva pluvial es el camino por el cual un particular puede tener un impacto directo y significativo en la lucha contra el cambio climático", dice. Con Eliasch ya no se puede talar.

No hoteles ni resorts en la parcela del sueco. Pero ha concedido a los locales el derecho de cosechar gratis frutos en su tierra. Douglas Tompkins y su esposa Kristine McDivitt compraron en Patagonia miles de kilómetros cuadrados, con una inversión de US $ 190 millones. Se destinan a parque natural. Son ex empresarios, fundadores de las marcas Esprit, North Face y Patagonia.

Las críticas caen sobre el valor estratégico de las tierras. Algunos especulan sobre segundas intenciones para aprovechar los recursos naturales. Otros, en Chile, alegan que las posesiones de la pareja cortan en dos el país, ya que se extienden desde el océano hasta los Andes. "Las polémicas son inaceptables", dice Juan Carlos del Olmo, Secretario General de WWF/Adena. "Yo estuve en esas tierras, vi la explotación salvaje que hacían algunas empresas. Nadie decía nada. Luego llega alguien con la intención de proteger, y todos se le echan encima".