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martes, 7 de abril de 2009

Tres Centenarios

Diario Expreso

Si viviesen cumplirían 100 años. Joaquín Gallegos Lara
(9/abril/1909-1947), Pedro Saad Niyaín (19/Mayo/1909-1982 y mi padre
Pío López Lara, primo hermano de Joaquín (6 junio/1909-14/febrero/1985)
fueron amigos íntimos. Se querían como hermanos pues, además, habían
nacido en seguidilla de 2 meses.

Presencié sus tertulias en la buhardilla (estudio) del tercer piso de
la casa-consultorio de su mecenas, el millonario tío doctor Julián Lara
Calderón, principal accionista del Banco la Previsora que financiaba a
su compadre Víctor Emilio Estrada.

Con sus colgantes e inútiles piernas, se hamaqueaba al ritmo de su
hablar suave y persuasivo, interrumpido por sus sonoras carcajadas.

Soy dueño de la única acuarela que Joaquín pintó, a los 16 años. Nació
con espina bífida que le inmovilizó desde la cintura. Padeció de
disfunción eréctil. Su matrimonio con Nela Martínez nunca se consumó.
Se deprimió, pues ella lo abandonó. Fue su fantasía romántica. Le
gustaba oír “La Casada Infiel” de García Lorca que mi padre recitaba.
Jamás fue a la escuela. Su políglota tío le enseñó inglés, italiano,
francés, alemán y ruso.

Tataranieto de Francisco García-Calderón Díaz, (prócer de la
independencia, fusilado por orden de Aymerich en Ibarra) y de la dama
cuencana Tomasa María Mercedes Malo de la Peña.

Bisnieto de Joaquín Calderón Malo (n.1792), el primogénito, hermano
mayor de Abdón Calderón Garaycoa (n.1804) y de Baltasara Calderón de
Rocafuerte (n.1806)

Combatió al fascismo totalitario, enemigo de la libertad de expresión, como el que ahora me persigue.

Por sus ideas comunistas, le gustaba actuar como proletario y vestir
como obrero. Era auténtico. Falso y perverso de que Joaquín era
“amargado y de familia pobre”. Era alegre, romántico, sentimental y a
veces melancólico.

En el feriado de carnaval de 1982, ante un pedido por la TV, acudí a la
clínica Guayaquil a donar sangre para un desconocido. Mi sorpresa fue
que había reticencia en algún familiar. Juan Tagle, yerno del enfermo,
me expresó que no entendían cómo yo, Presidente de los industriales de
Ecuador, fuese a donar sangre para Pedro Saad. Le expresé que mi gesto
humanitario para un desconocido era mayor al conocer que ayudaría a
salvar la vida del líder comunista, además amigo de mi padre.

Cuando entré para el operativo, alguien, que estaba también donándole,
mencionó mi nombre. Era Eugenia Cordovez, cónyuge de León Febres
Cordero.

Allá por 1954, después del debate público entre Emilio Estrada Ycaza y
el Ministro Jaime Nebot Velasco, sobre el impuesto de un centavo a las
gaseosas, ideado por mi padre Presidente de la Federación Deportiva de
Guayas, para construir el estadio Modelo, y transformado en 10 centavos
en el Congreso Nacional, Pedro Saad le prometió a mi padre, su amigo de
la infancia que, para no votar en contra, se saldría del recinto. Y
gracias a ese impuesto el país cuenta con los dos “colosos” de las
Américas.

martes, 25 de marzo de 2008

Armando de la Torre

Publicado Originalmente en Diario Expreso

Lo conocí hace 25 años (1983), cuando, invitado yo por Manuel Ayau,
rector de la Universidad Francisco Marroquín participé, como expositor,
en un evento académico. Armando de la Torre, (n. Nueva York 1926, de
padres cubanos) impresiona y cautiva por su talento y transparencia en
la cátedra. Estudió en Francia. En Estados Unidos enseñó Sociología y
Filosofía. Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de Múnich.



Es “toda una geografía del saber, una memoria sin fondo y la biblioteca
infinita de Borges. Es “el sabio en pleamar y en la playa de su
madurez”. “Por su vasta cultura podría ser un maestro de la
Escolástica, del Renacimiento y de la Ilustración. Quisiera estar cerca
de él todo el día para aprender algo nuevo” dijo Francisco Pérez de
Antón, en el prólogo de su libro “Cien obras en mil años”.



También es autor de “La agonía del éxito”, “Por qué surgen y cómo se
curan las crisis económicas”, “La Ética del Lucro”. Experto en estudios
económicos del Derecho y en análisis económico de las opciones públicas
(Public Choice). Editorialista. Erudito en Lope de Vega, Tirso de
Molina, Calderón de la Barca, Cervantes, Víctor Hugo, Shakespeare.



“No estoy totalmente de acuerdo con ningún libro. Ni siquiera con la
Biblia”. A los 6 años, dice, leyó Pinocho… que lo hizo llorar “Yo
mojaba las páginas cuando la princesa de los cabellos de oro se moría”.



Fue Prefecto de Estudios del seminario Pío Latinoamericano en Roma.
Jesuita por convicción, dejó de serlo también por convicción. “La razón
humana no puede abarcar a Dios, el hombre es un ser finito y Dios es
infinito”. “Dios está con los pobres (pero también está con los ricos).
Eso es teología de la liberación del siglo XX. Sencillamente, Dios está
con el hombre”, afirma Armando.



Jurista, enciclopédico, políglota, sabio en Historia, Ciencias
Políticas, Economía, Literatura, lenguas clásicas y Teología, es
Director de la Escuela Superior de Ciencias Sociales (pos-grado), de la
Universidad Francisco Marroquín. Doctor Honoris Causa en Filosofía y
“Premio Robert Nozick”, por su excelencia académica. Fue director de
Investigación Científica de la Universidad Rafael Landívar, en
Guatemala.



“Le temo a los mediocres con poder, a los que hay que acabar”. “Me
frustran la falta de competitividad y los hombres sin carácter. La
tenacidad es lo primero que se debe aprender en las escuelas. Prefiero
un analfabeta con carácter, que un licenciado universitario sin
carácter”. “En un sistema de justicia se eliminan los privilegios,
incluyendo los de los empresarios”. “Recordemos: o todos hijos o todos
entenados”, enfatiza.



Armando es honesto, solidario, íntegro, afectuoso. Su charla sencilla
trasluce un discurso moral. “El mejor gobierno es el más cercano al
pueblo. De ahí la importancia de los gobiernos municipales. Estoy de
acuerdo con la globalización de la educación, de la técnica, del
conocimiento, pero en absoluto desacuerdo con la globalización del
poder. Estoy en contra del dominio de los países grandes sobre los
pequeños”. “La gente que sale en busca de oportunidades es valiosa. El
país que pierde emigrantes pierde activos, pierde talentos porque,
aunque sean analfabetas, es gente de empuje, gente que trabaja”,
afirma.



Orador elocuente, fascinante, profundo, didáctico, aclamado en foros
académicos. Es mi privilegio ser su amigo personal y el honor de haber
sido invitado a hospedarme, por varias ocasiones, en su hermosa
residencia de la zona 14 en Guatemala. Su talentosa, gentil y bella
esposa Martha Buonafina y sus hijos Virginia e Ignacio, son el refugio
de paz de este aguerrido luchador por la libertad.